Un año que no escribí, un año que me hundí... Hace un año elegí vivir.
Cuando decidí divorciarme me olvidé de mi blog y, aunque a estas alturas nadie lo lee, es un proyecto que como periodista, me reta. Pasar por un evento tan dramático, que envolvió una fuerte ruptura, un trasteo internacional y una familia rota sacude a cualquiera y yo no fui la excepción. Como es de esperar, mi sombra se apoderó un tiempo de mi, profundicé en la depresión y sobre todo en la negación. Pasé por todas las fases del luto, me devolvía y las repetía una y otra vez, me pregunté numerosas veces porqué había elegido a un ser oscuro, a un mentiroso patológico, ¿porqué le creí?. Lloré, comí, leí, hiberné, volví a llorar, crecí y al final lo superé.
Reviví mi árbol genealógico y entendí que la elección de aquel hombre obedecía a las lealtades de las que les hablaba en un escrito pasado, en realidad no fue mi culpa, la dañada no soy yo pero sí elegí cegarme y no despertar antes para no repetir aquellas historias que mis mujeres ya habían vivido.
Sin embargo este hombre no fue un error. Si algo se aprende en este camino es que como indica un viejo dicho: "Todo pasa por algo" y las personas que nos encontramos en la vida estaban destinadas a tropezar con nosotros de una u otra manera para enseñarnos esa lección que probablemente no habíamos querido aprender.
Agradezco a Dios y al universo por haber entendido la lección y por el hermoso hijo que me dio. Estoy reinventándome y estoy lista para las bendiciones que el despertar y el conocimiento traerán.



