De pequeña fantaseaba con las cartas. tomaba un mazo y se las tiraba a mis amigos, yo lo único que veía en ellas era algunos corazones (rotos) y uno que otro rey (que no era el mio) que no significaba nada para mi. Sin darme cuenta, a la edad de ocho años ya estaba trabajando mi intuición, mi conciencia intuitiva se imponía y yo, sin tecnicismos y con la completa ausencia de conocimientos, me dejaba llevar. La ruptura se dio en un momento mágico en el que en medio de una de esas jugarretas, brotaron palabras que marcarían mi destino; un mal augurio que pronto se cumpliría para mi infante consultante, sería el evento determinante que me consumiría de miedo y que provocaría el alejamiento de mi feminidad, de mi conexión conmigo misma, por un buen tiempo.
Fue entonces, en el momento que antes he nombrado, de confusión y búsqueda, cuando me decidí a enfrentar mis demonios y a amansar a la bestia que me había perseguido toda mi vida: El Tarot. De la mano de un estupendo profesor, y de la mejor bibliografía, se fueron cayendo todos los juicios inútiles que rondaban estas cartas y fui comprendiendo poco a poco el porqué de mi atracción hacia ellas, su importancia en mi vida y lo que significarían para mi: la herramienta mas grande y maravillosa, el espejo de mi inconsciente y mi alma, porque también con ellas he logrado desnudar mi pasado y sus consecuencias, mis bloqueos y mi camino por la espiritualidad.
Los encuentros con las cartas siguieron ocurriendo pero siempre los esquivaba con miedo, creyendo que ellas siempre antecedían la desgracia y que solo aquellas mujeres educadas por sus abuelas y destinadas a la adivinación tendrían el poder de domarlas. Fui donde varias de aquellas "Elegidas", interesada mas que en sus predicciones, en descifrar cómo veían en esos muñecos a veces distorsionados o extraños, esos significados de los que hablaban y que yo, quería en mis mas profundos deseos poder entender. Solo algunas veces predijeron algo real pero en medio de mis análisis comprendí que se basaban en la cantidad de información que les daba con mis pocas palabras y expresión corporal para dar sus veredictos finales.


