lunes, 4 de febrero de 2013

Segundo paso: El Tarot como espejo del alma



De pequeña fantaseaba con las cartas. tomaba un mazo y se las tiraba a mis amigos, yo lo único que veía en ellas era algunos corazones (rotos) y uno que otro rey (que no era el mio) que no significaba nada para mi. Sin darme cuenta, a la edad de ocho años ya estaba trabajando mi intuición, mi conciencia intuitiva se imponía y yo, sin tecnicismos y con la completa ausencia de conocimientos, me dejaba llevar. La ruptura se dio en un momento mágico en el que en medio de una de esas jugarretas, brotaron palabras que marcarían mi destino; un mal augurio que pronto se cumpliría para mi infante consultante, sería el evento determinante que me consumiría de miedo y que provocaría el alejamiento de mi feminidad, de mi conexión conmigo misma, por un buen tiempo.

Los encuentros con las cartas siguieron ocurriendo pero siempre los esquivaba con miedo, creyendo que ellas siempre antecedían la desgracia y que solo aquellas mujeres educadas por sus abuelas y destinadas a la adivinación tendrían el poder de domarlas. Fui donde varias de aquellas "Elegidas", interesada mas que en sus predicciones, en descifrar cómo veían en esos muñecos a veces distorsionados o extraños, esos significados de los que hablaban y que yo, quería en mis mas profundos deseos poder entender. Solo algunas veces predijeron algo real pero en medio de mis análisis comprendí que se basaban en la cantidad de información que les daba con mis pocas palabras y expresión corporal para dar sus veredictos finales.


Fue entonces, en el momento que antes he nombrado, de confusión y búsqueda, cuando me decidí a enfrentar mis demonios y a amansar a la bestia que me había perseguido toda mi vida: El Tarot. De la mano de un estupendo profesor, y de la mejor bibliografía, se fueron cayendo todos los juicios inútiles que rondaban estas cartas y fui comprendiendo poco a poco el porqué de mi atracción hacia ellas, su importancia en mi vida y lo que significarían para mi: la herramienta mas grande y maravillosa, el espejo de mi inconsciente y mi alma, porque también con ellas he logrado desnudar mi pasado y sus consecuencias, mis bloqueos y mi camino por la espiritualidad.



Primer paso, volviendo a lo básico

 
A los tres meses de la llegada de mi hijo, la felicidad que trajo este maravilloso ser se vio interrumpida por una seria enfermedad respiratoria que meses después se repetiría en varias ocasiones y se convertiría en un diagnóstico difícil de asimilar en un principio. Sin escatimar esfuerzos consultamos varios especialistas, en donde cada uno, decía tener la respuesta a la solución definitiva de los eventos que mi bebé presentaba. Con ningún medicamento o terapia parecía mejorar, tampoco empeoraba pero ver una criatura diminuta y tan dependiente luchando por respirar era desgarrador. Fue así, probando y preguntando, como llegué a la homeopatía, ciencia en la cual no creía pero, en medio de la desesperación, acudí con la esperanza del que no se rinde. Para mi sorpresa, al otro día de empezado el tratamiento, mi hijo estaba mucho mejor y a los pocos días se encontraba respirando normalmente.

Esto me desconcertó. Estaba feliz de haber encontrado el remedio que curaba a mi hijo o por lo menos, le ayudaría a vivir mejor pero no podía entender como la medicina convencional, ciencia en la que tanto confiaba, no había podido auxiliar a mi hijo en una enfermedad que, aunque seria, era muy común.

acompañado de su afección respiratoria, se sumaba el mal carácter que poseía en varias ocasiones al día a mi hijo y que, cuando empezaba a hacerse daño me sumía en un dolor tan intenso y tan agobiante que me dejaba hecha cenizas. Si la medicina natural era la respuesta a los malestares de mi niño, yo la estudiaría e investigaría con mi corazón cargado de fe y disciplina para encontrar aquellas gotas que "lo harían ser feliz para siempre"; tal cosa nunca existiría.

Tiempo después ingresé a un curso de esencias florales y homeopatía, ¡me encantaba¡, sentía que ahí encontraría las respuestas. Me dediqué día y noche a estudiar las esencias y pronto empecé a darle algunas a mi hijo, a recomendarlas a algunos conocidos y a probarlas en mi. A algunas personas les funcionó, mi hijo siguió con sus ataques de ira y yo, bueno, todo seguía igual.


Le di la oportunidad a la homeopatía, después de todo, ella había curado a mi hijo, era lo menos que se merecía. Las primeras clases fueron realmente reveladoras, pues aparte de la teoría de esta materia, me explicaron que el origen de todas las enfermedades proviene de nuestro interior, de lo que sentimos, de lo que guardamos, de nuestros odios y traumas, de los eventos y sentimientos que depositamos en nuestro inconsciente y que a veces no sabemos que está ahí, de lo que se está descomponiendo en nuestra alma y que, posteriormente pasa a descomponer nuestro cuerpo. ¿Cómo así?, me están diciendo que las enfermedades que sufren mis seres amados son su culpa y que la afección de mi hijo es mi culpa?¿Que el asma de mi hijo es mi propia intolerancia? ¿Que mi agotamiento crónico es falta de motivación en mi vida? y que ¿mi hipotiroidismo es mi impaciencia y dominio?¿No puede la homeopatía curar mis defectos?. Fue doloroso escuchar eso y sobre todo, contrastarlo con la verdad, nuestras afecciones eran producto de nuestros procesos estancados y no había medicina tan poderosa capaz de curar nuestro corazón, ese proceso de curación debía ser lento, progresivo, autodidacta y sobre todo, tormentoso.

MATERIALIZANDO MI ESPIRITUALIDAD



La espiritualidad de cada ser humano empieza desde el momento de su concepción, el mio, como el de todos, sin darme cuenta de lo que pasaba empezó ahí, mientras mi mamá me transmitía emociones, miedos, tristeza, felicidad... se fue así formando mi espiritualidad primaria y mi madre sin saber en ese momento la importancia del instante mismo para mi, decidió dar a luz por cesárea.

transcurrió en mi una niñez normal, cargada de condescendencia, bajo unos padres que, aunque divorciados trataban de llenar vacíos con regalos y fines de semana compartidos porque el tiempo fuera de su trabajo no les alcanzaba, debido a sus propias infancias que les recordaba día tras día no repetirla en su amada hija. fue así como mi habilidosa espiritualidad fue tomando elementos para construirse a sí misma, alimentándose de momentos predeterminados, elegidos sigilosamente, nunca al azar, construyéndose así misma, silenciosamente, dentro de mi alma. unos cuantos eventos traumáticos, fuera del alcance de mis protectores y, obviamente, forjados en la etapa decisiva le dieron a mi espiritualidad las herramientas que ella necesitaba para pasarme el estado de cuenta 20 años después.

Tuve todos los elementos para ser feliz con uno que otro tropezón, pero debí ser feliz. Siempre con un vacío inexplicable, que llenaba inútilmente con personas y riquezas materiales y buscaba... Una soledad fulminante, rodeada de gente, una incomprensión de todo lo que me asediaba, de los eventos sangrantes, de los dolores pasajeros, de la finalidad de mi vida. Me dejé llevar por los años y por lo que mi madre creía que debía ser, me llevó por el buen camino e hizo de mi lo mejor que pudo, te amo mamá.

El primer encuentro con mi espiritualidad fue algo chocante. obtuve un nuevo trabajo, en un momento desesperado y decisivo, había pasado por dolor en el anterior y atravesaba una separación para mi, inexplicable y había confrontado a Dios, desde el mas profundo de mis egos, por sus bendiciones que, sentía yo no tenía un lugar en ellas; y me encuentro en este lugar, con una buena vibra desconocida para mi y con un tema en común: ÁNGELES. Siendo la encargada de redactar los boletines de prensa para los clientes, era mi tarea investigar a fondo el tema de especialidad de cada uno de ellos. No fue difícil entrar en temas como el yoga, meditación, mándalas, etc, eran totalmente desconocidos pero fáciles de digerir y relativamente fáciles escribir sobre ellos. El día que me designaron la cuenta de aquella famosa en terapia con Ángeles, cambió mi vida por completo y para siempre. Sencillamente no comprendía, es que no creía!, cómo era posible que todas estas personas estuvieran sumidas en una cofradía de estupidez colectiva?. Sin embargo era mi trabajo y tenía que hacerlo, tenía que leerme sus libros y todos sus artículos, tenía que entrevistarla y tenía que hallar inspiración en algún lado para escribir bellos artículos que conmovieran a todos, especialmente a los editores de los medios de comunicación nacional. Debo admitir que soy curiosa y empecé a hacer algunos de los ejercicios que se sugerían para empezar a conectarte con tu Ángel y las respuestas empezaron a llegar, de la nada!, como si la gente (que no tenía nada mas interesante que hacer)se confabulara para hacerme una broma de mal gusto. En realidad me quedó un sabor amargo en mis pensamientos, una rivalidad entre la fantasía y la realidad que sencillamente no podía conciliar. Al renunciar a ese trabajo, también renuncié al, será?, renuncié a la posibilidad y enterré en el olvido esas espinas filosas que aún no me había podido expulsar.

Me enamoré. Me dediqué al amor, la familia y los hijos, pensando que estaba llena por fin y que solo con eso podría colmar ese vacío tan aterrador que se situaba entre los senos, que a veces hasta dolía. Me equivoqué, porque fue en esa etapa en donde mi espiritualidad cobró fuerza, se levantó como en una mala película de terror y me enfrentó. Ella sabe como haces sus cosas, encontró una Yo confundida, perdida, inútil en todos los sentidos y fue cuando hizo florecer aquellos eventos de la niñez y de mi vida que ya ahora se habían convertido en una masa podrida que no me dejaba respirar mas.


Fue así, en medio de tanto dolor, que empecé la búsqueda, un encuentro interminable conmigo misma, con mis demonios sobretodo, con mi pasado, mi presente y mi futuro, con mi dolor, con mis padres y familiares, con mi árbol genealógico, con mi enfermedad, con mi misión pero aún mas con mi felicidad.